sábado, 20 de julio de 2019

SANTA MARÍA MAGDALENA

22 de julio
SANTA MARÍA MAGDALENA
Fiesta
Antífona de entrada
Cf. Jn 20, 17
El Señor dijo a María Magdalena: «Ve a mis hermanos y diles: Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro».
Se dice Gloria.
Oración colecta

H, Dios,
tu Unigénito confió a María Magdalena,
antes que a nadie,
el anuncio de la alegría pascual,
concédenos, por intersección y ejemplo,
proclamar a Cristo vivo
y que le veamos reinando en tu gloria.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Primera lectura (opción 1)
Cant 3,1-4a
Encontré al amor de mi alma
Lectura del libro del Cantar de los Cantares.

STO dice la esposa:
«En mi lecho, por la noche,
buscaba al amor de mi alma;
lo buscaba, y no lo encontraba.
“Me levantaré y rondaré por la ciudad,
por las calles y las plazas,
buscaré al amor de mi alma”.
Lo busqué y no lo encontré.
Me encontraron los centinelas
que hacen la ronda por la ciudad.
“¿Habéis visto al amor de mi alma?”.
En cuanto los hube pasado,
encontré al amor de mi alma».
Palabra de Dios.
Primera lectura (opción 2)
2 Cor 5, 14-17
Ahora ya no conocemos a Cristo según la carne
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios.
ERMANOS:
Nos apremia el amor de Cristo al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron.
Y Cristo murió por todos, para que los que vivan ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos
De modo que nosotros desde ahora  ya no conocemos a nadie según la carne; si alguna vez conocimos a Cristo según la carne, ahora ya no lo conocemos así.
 Por Tanto, si alguno está en Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
Sal 62, 2. 3-4. 5-6. 8-9 (R.: cf. 2b)
R.   Mi alma está sedienta de ti Dios mío.

V.   Señor, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua.
Oh, Dios, mi alma tiene sed de ti.

V.   ¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios.

V.   Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos indicándote
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos

V.   Porque fuiste mi auxilio,
y a la sombra de tus alas canto con júbilo.
Mi alma esta unida a ti
y tu diestra me sostiene.
Aleluya
R.   Aleluya, aleluya, aleluya.
V.   ¿Qué has visto de camino, María, en la mañana?
A mi Señor glorioso, la tumba abandonada.
Evangelio
Jn 20, 1-2.11-18
Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?  
Lectura del santo Evangelio según san Juan

L primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
«Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno en la cabecera y el otro junto a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.
Ellos le preguntan:
«Mujer, ¿por qué lloras?».
Ella les contesta:
«Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».
Dicho esto, se vuelves y ve a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús. 
Jesús le dice:
«Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?»
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta:
«Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».
Jesús le dice:
«¡María!».
Ella se vuelve y le dice:
«¡Rabbuní!», que significa «¡Maestro!».
Jesús le dice:
«No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”».
María Magdalena fue y anunció a los discípulos:
«He visto al Señor y ha dicho esto».
Palabra del Señor.
Oración sobre las ofrendas


ECIBE, Señor, los dones que te presentamos
en la conmemoración de santa María Magdalena,
cuya obsequio de amor
aceptó con tanta misericordia tu Hijo Unigénito.
Él, que vive y reina por los siglos de siglos.


Prefacio 
APÓSTOL DE LOS APÓSTOLES
Texto musicalizado en Apéndice I (1214)
V∫. El Señor esté con vosotros. R∫.
V∫. Levantemos el corazón. R∫.
V∫. Demos gracias al Señor, nuestro Dios. R∫.

N verdad es justo y necesario
es nuestro deber y salvación,
aclamarte siempre,
Padre todopoderoso, 
de quien la misericordia
no es menor que el poder,
por Cristo, Señor nuestro. 

El cual se apareció visiblemente en el huerto
a María Magdalena,
pues ella lo había amado en vida,
lo había visto morir en la cruz, 
lo buscaba yacente en el sepulcro,
y fue la primera en adorarlo
resucitado de entre los muertos;
y él la honró ante los apóstoles
con el oficio del apostolado 
para que la buena noticia de la vida nueva
llegase hasta los confines del mundo. 

Por eso, Señor,
nosotros, llenos de alegría,
te aclamamos con los ángeles y con todos los santos, diciendo: 

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

Antífona de comunión
2 Co 5, 14-15
Nos apremia el amor de Cristo para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos.
Oración después de la comunión
UE la participación santa en tus misterios, Señor,
infunda en nosotros
aquel amor perseverante con el que santa María Magdalena
se mantuvo unida siempre a Cristo, su Maestro.

Él, que vive y reina por los siglos de siglos.

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